viernes, 29 de mayo de 2020

CIencia en ficción

"Menú degustación" de lecturas inspiradoras para la escritura de vuestro texto




Aquí os dejo unos cuantos textos en los que la salud o la biotecnología están contadas en formato literario ( relato, microrrelato , crónica...) por si os sirven para inspiraros para lo que os propongo en este apartado de Ciencia en ficción. Ya veréis que los hay de todos los estilos ( divertidos, tristes, simbólicos, realistas, fantásticos…)
Se trata de que a partir de alguna de los conocimientos que habéis adquirido sobre salud, enfermedad o bioteconología en este trimestre escribáis un pequeño texto de ficción. Podéis inspiraros en cualquier tema relacionado con este área y transformarlo en un cuento o una crónica. ¡La imaginación al poder!
Para empezar unos cuantos microrrelatos, cortitos y contundentes (los últimos de cosecha propia, ya me perdonaréis la vanidad) :

DESENCUENTRO ( Sara Lew)
Pasó cincuenta años en una cápsula de criogenia aguardando a que la clonación de su amada fuese viable. Cuando lo reanimaron ella se encontraba en la misma sala. Sin embargo la felicidad de él chocó con la hermética frialdad de la joven que, criogenizada, esperaba una futura implantación de recuerdos en los clonados.

El secreto de Victoria: la dieta del doctor Wilt Montoya ( Mel Nebrea)

Victoria iba a morir, y con ella sus 132 kilopótamos y las burlas de todos sus conocidos. Renacería como Vicky, en una talla XL que la mimetizase con el resto de fauna urbana.
El doctor Montoya estudia los análisis de sangre, palpa michelín y aprieta lorza. Al final entrega, por 350 euros, la dieta a seguir el próximo mes; además de pasear un par de horas al día y mantener sexo con regularidad. ¡Qué más le gustaría a ella! El doctor sonríe cómplice y le recomienda una tienda.
“Sex shop Montoya, la tienda de las …” allí adquiere un modelo a pilas que resultará ser su único consuelo tras treinta días a base de fruta, verduritas hervidas y pollo a la plancha. Incluso ha llegado a salivar pensando en la zanahoria cruda de media mañana.
El doctor arquea las cejas al comprobar que la báscula marca cinco kilos más. Ella insiste en que ha seguido la dieta a rajatabla, incluso cuando no podía acabarse las 203 galletas de la merienda.
¡Qué bochorno descubrir que eran 2 ó 3 galletas! En fin, el mes que viene lo conseguirá. Sale de la consulta y se encamina al super: debe comprar más pilas.

Trillizos ( Jesús Esnaola)

La enfermera me indica que puedo pasar a ver los gemelos. ¿ Gemelos? Si mi mujer esperaba trillizos, grito víctima de los nervios. La enfermera se queda desconcertada y e explica que mi mujer ha parido gemelos y yo la amenazo con poner el hospital patas arriba hasta que encuentre al tercero. Sin duda han debido de perderlo, banda de inútiles, vi sus cabezas en la ecografía. Entro en la habitación de mi mujer y la encuentro tranquila, tal vez un poco atontada por la anestesia, a ver cómo se lo explico yo ahora. Tiene en sus brazos a uno de los pequeños y sonríe. Coge al otro, me dice, y yo lo hago, me inclino sobre la cuna y abrazo al otro gemelo, sujetando con cuidado sus dos cabecitas.
Respiro aliviado.

Llueve ( Isabel Gonzalez)

…o lo que es lo mismo, el gotero todavía gotea. O lo que es igual , ellos han llorado esta tarde fuera de la habitación, han entrado en mi cuarto, han comprobado las sondas , han traído botellines de agua mineral , me han dado un beso húmedo en la frente y se han largado a llover en la sala de espera. En el páramo seco al otro lado de la puerta. Allí solo hay tormenta a ratos. Aquí dentro nunca deja de llover. O lo que es lo mismo, me inyectan algo cada cuatro horas y , cada ocho me extraen sangre. Se la llevan fuera. Mi sangre por un lado y yo por otro. Alcohol, agua oxigenada y esa enfermera demasiado joven que me limpia el culo. Estoy boca abajo. Mete la esponja en la jofaina y la escurre al sacarla. Sonido de madre con fregona. De padre limpiando el coche en el lavadero de un río. De todo lo pasado de moda que siempre es la infancia. Llueve. O lo que es lo mismo, aquí han envasado la lluvia y , allí fuera, los coches derrapan a veces sobre los charcos.

Células vengativas ( Elena Casero)

Somos un puñado de células que se multiplican, crecen, se desarrollan y se convierten en seres humanos con distintas apariencias. En determinados casos, esas mismas células se duplican produciendo humanos idénticos: el mismo color de ojos, la misma tonalidad de cabello los mismos andares, y en contadas ocasiones-les aseguro que mínimas-la genética se comporta de manera caprichosa y reproduce las mismas huellas digitales.
Sentado cerca del mar miro el horizonte inmóvil, aplacado por la luna, inmenso, luminoso, y me acuerdo de mi hermano. Recuerdo nuestra infancia y sus travesuras, de las que me hacían responsable; de sus fechorías, por las que yo pagué con cárcel, mientras él…
Le recuerdo en el momento en que mis huellas -las suyas- fueron halladas en el escenario del crimen, el maltrecho cuerpo de su novia, el instante en que cayó en su propio infierno. Veo a través de sus ojos el infinito del tiempo, de su tiempo, carente de horizonte, y saboreo con intensidad la sabiduría de la naturaleza. 


La reina sorda ( Sara Lew) 

Acuclilladas laboriosamente a sus pies, las costureras cuchichean entre ellas mientras le arreglan los bajos del vestido. Comentan despreocupadas cómo el rey la engaña con cualquier falda que se aviente a su paso, y añaden, entre risas cómplices, que razones no le faltan al monarca con semejante espantajo de esposa. La reina las observa, inmutable. Cuando su traje luce al fin prolijamente acabado, llama mediante señas a los guardias y, con gesto afásico, sentencia a las insolentes llevándose la mano recta al cuello a modo de sierra.


Abril ( Beatriz Alonso)

Me senté en la última fila del autobús, suplicando baches. En nuestra ansiada excursión escolar, mis compañeras se regocijaban en sus asientos, piropeando al conductor. La profesora decía que la primavera no tenía remedio. Unos días antes yo había hecho el amor por primera vez. Sin precauciones.


El olfateador ( Beatriz Alonso) 
Por ejemplo, averiguar quién era la mujer que me estaba anudando la corbata fue uno de mis primeros éxitos como olfateador. Tenía los ojos vendados y toda la oficina mirándome. En seguida supe que era la administrativa. Después otra mujer pasó sus dedos por mi pelo y adiviné que era la documentalista. Tampoco fallé cuando el diseñador gráfico me sacudió la caspa de los hombros. Al regresar a mi mesa de trabajo la recepcionista, a modo de despedida, me tocó la punta de la nariz, lo cual desencadenó en mí una terrible convulsión. Desde entonces cuando llego a trabajar entro con un pañuelo en la nariz. Creen que es alergia, pero es amor.


El niño que se comía las palabras ( Manu Espada
)

A algunas personas les trasplantan los pulmones. A otras les realizan un trasplante de corazón o de córnea, pero siempre tiene que morir alguien. Mi caso fue distinto. Cuando era pequeño no podía hablar, al menos no como el resto de los niños. Cada sílaba requería el mayor de mis esfuerzos. Sin embargo, mi padre se ganaba la vida con las palabras. Paradójico. Aún recuerdo el domingo que llegó con una máquina de escribir antigua.Yo entré en su despacho mientras él ponía la vieja Olivetti cobre la mesa. Colocó un trozo de papel cebolla en el rodillo, me cogió el dedo índice y escribimos mi nombre. Mi padre lo recortó con unas tijeras, lo hizo una bolita y me dijo: “Rica”. En cuanto el papel rodó por la garganta dije mi nombre en voz alta. Desde ese día mi padre no pudo volver a pronunciarlo. Luego vinieron muchas palabras más. Mi padre me cogía el dedo, me susurraba cosas al oído, las tecleábamos y luego me metía las palabras en la boca. El nunca más volvía a usarlas. Primero se quedó sin sustantivos, luego sin verbos, más tarde me pasó los adjetivos, los artículos, las preposiciones, hasta que me trasplantó todas las palabras del mundo. Hasta que se quedó mudo. 

PRIMER PLATO ( Patricia Esteban Erlés)

Poco después llegó la muerte. Todos la vimos trepar por tu pelo, pero bajamos los ojos y seguimos comiendo. Rezando en voz baja para que se conformara contigo.



La selva de los tecnicismos (Fernando A. Navarro)


Los médicos, cuando a un niño le pica algo, decimos que sufre de prurito. Cuando le duele la tripa y no encontramos la causa que lo está motivando, hablamos de dolor abdominal funcional.
Si su cifra de leucocitos está por debajo de un límite muy concreto, le decimos a la mamá que padece leucopenia, pero ese es un nombre muy triste, porque recuerda a otras voces dignas de lástima, como penar o pena.
Y cuando todo está perfecto, en vez de decir que el chico simplemente está bien, le ponemos la etiqueta impoluta de «niño sano», que es como decir «ropa limpia» o «cajón ordenado».

En la selva de los tecnicismos, unos son más extravagantes que otros; por ejemplo, si a tu hijo le cae drásticamente la tensión arterial, decimos que se ha chocado, como si fuera un tráiler en un día de niebla.


Hemisferios

Aquella fatídica noche la yaya Martina perdió a la mitad de su marido.
Desde entonces él canta pero no habla, copia pero no escribe. Juega al parchís pero no a los bolos. Sonríe dibujando una asimétrica media luna.
 La yaya sabe que él solo la ve si se acerca por la izquierda. Desde ese lado le habla, en una conversación en la que ella inventa y pone voz a la otra mitad. Ya no discuten, solo se miran y se interpretan,  como si buscaran salir de un laberinto.
Ella se empeña en compensar esta extraña partición: ahora le quiere el doble que antes. También está el doble de cansada. Nunca imaginó que se pudiera morir a plazos.
Ya está empezando a habituarse a este nuevo marido manso y silencioso, a esa línea imaginaria que divide su cuerpo en dos, dejando una garra a un lado y una mano al otro, a ese movimiento infinito de ida y vuelta de la cama al comedor en la silla de ruedas.
Contempla los radios de las enormes ruedas que giran como un interrogante a lo largo del pasillo.
 No entiende, pero acepta. Como cada vez que la vida le dio una noticia inesperada

ADN 

Lo sorprendente no es que no fuera hijo de quienes lo criaron. Ni que la causa de su muerte no sea una conspiración asesina, sino una vulgar infección. 
No me impresiona saber qué comió la última vez, ni qué enfermedades hubiera tenido de viejo. Ninguna objeción al incesto, tengo la piel muy gruesa con tanta serie policíaca. Liarse con su hermanastra explica la prematura muerte de sus hijos, el clásico castigo bíblico por no respetar las normas.
Lo único que me deja totalmente desolado es que el pobre Tutankamon no pudiera llevarse ni un solo secreto a su escondidísimo sarcófago.


Domingo en el zoo  

La visita anual al Zoo fue, como siempre, agotadora. Y un poco deprimente, la verdad. Los niños la disfrutaron, claro, corriendo de aquí para allá, riéndose de lo que hacían los macacos, esquivando pavos reales albinos, subiendo al trenecito…
Reconozco que con las nuevas instalaciones todo tiene un aire más aséptico, más moderno. Hasta los delfines lucen más lustrosos y disciplinados.
Solo las jaulas situadas al fondo del parque conservan la antigua atmósfera decadente, ese tufo característico de zoológicos y circos. Allí se guardan los animales más antiguos, los olvidados, los que ya no están de moda. Un dientes de sable lleno de sarna se mueve en círculos dentro de su jaula mientras unos dodos medio desplumados deambulan picoteando restos de bolsas de patatas por afuera. Los mamuts resoplan de calor en su charco hediondo y el último tigre de Tasmania observa lo que queda del mundo con sus ojos amarillos.
Pero lo más impactante fue volver al recinto de los primates. En la última jaula, agarrado a los barrotes, un desdentado Neanderthal me miraba fijamente. Como si me reconociera. Como si quisiera decirme algo. Esa imagen me persigue como una culpa. Maldigo el momento en el que se permitió a las empresas privadas jugar a ser dioses con la biotecnología.

Liberación 

A esas alturas yo solo quería irme a mi casa. El médico y las enfermeras me tranquilizaban en tono profesional, pero en cuanto se daban la vuelta yo intuía gestos más sinceros. Luego de repente salían de la sala. Al volver me decían que enseguida lo iban a solucionar.
Llevaba más de media hora atrapada cuando me anunciaron la inminente llegada del mecánico. No podía pensar en nada más deseable que un hombre con una caja de herramientas. Por suerte las dos piezas de la -llamémosle así- pinza no estaban, en el momento de quedarse atascada, a la máxima presión pero sí a la suficiente como para que no me pudiera separar. Imposible marcharme a no ser que me llevara el aparato a cuestas, así que me pareció mejor continuar como estaba: medio desnuda y dibujando una prodigiosa contorsión con mi cuerpo enganchado a una máquina de hacer mamografías.
Cincuenta minutos después de la entrada a esa cámara de torturas, era por fin liberada. Jamás me había sentido tan ligera. No me importó en absoluto que aun tuviera que someterme a la ecografía y a la dolorosa punción para vaciar el líquido de mis tetas fibroquísticas. Si me sentía con fuerzas, me dijeron. Como para esperar otro año y medio, les dije.
Al salir, ni siquiera me afectó -con lo sensible que yo soy- el aplauso de todas esas mujeres que esperaban su turno mientras lucían esas sonrisas entre solidarias e histéricas. Las pobres.
 Al menos yo ya estaba fuera.

Las diosas de la guerra

Terminé de rasurar minuciosamente la superficie del cráneo. La madre salió del cuarto simulando una tos inesperada. Le coloqué y ajusté la peluca pelirroja con flequillo. Sedosa, natural, la acababa de cepillar.
La joven, casi una niña, se miró al espejo con una alegría feroz, desesperada. Le gustaba su nuevo aspecto.  Afirmó, con determinación adolescente, que nada ni nadie iba a impedirle salir aquella noche. Aunque estuviera mareada, aunque tuviera que vomitar por los rincones.
Claro que sí.
La mamá, ya de vuelta, intentaba sonreír.
Me esmeraba en conseguir los mejores efectos. Maquillé su palidez. Subrayé con rímel sus pestañas ralas. La ayudé a enfundarse el vestido negro sobre su escueta figura. Y le volví a colocar todos los piercings.
Estaba radiante. Preciosa. Radioactiva.
Mientras bajaba las escaleras para despedirlas en la puerta de la peluquería, supe que aquella Nochevieja sería especial. La última y más intensa para esa bravísima diosa de la guerra. Para mí, la primera que pasaría en casa. Acurrucada en el sofá. Vencida, golpeada. Destilando toda mi tristeza. Descifrando la magnitud de un dolor que no era mío. Y sin dar explicaciones.

Os copio el post de un amigo mío ( Miguel Ángel Malo) en facebook para recomendar un libro. Casi un relato, sin pretenderlo. Lo podríamos titular Medicina y literatura

En abril de 2016, terminé sin pensar en una librería. Hasta aquí, nada raro. Era una de esas librerías en las que todo está al alcance de la mano. Desde un lado del expositor, un título me llamó la atención: “El grito del ave doméstica”, de Maksim Ósipov. Un libro de cuentos. He dicho que el título me llamó la atención. No por llamativo, sino por imposible. Las aves no gritan. Pían, graznan, cacaraquean y hay algunas que hasta silban. Pero gritar, lo que se dice gritar, no. Por eso, por imposible, me pareció que allí había un autor que merecía la pena.
Previo pago, llevé el libro a casa con el firme propósito de leerlo. Pero allí se quedó sobre la mesa, junto al ordenador. El libro no lo sabía, pero tuve que irme al hospital. Había que entrar en el quirófano, dejar que unos magos disfrazados de cardiólogos me parasen el corazón para poder arreglarlo y volver a paso lento al día a día.
No recordé el libro durante ese tiempo. Mi objetivo eran los ejercicios de respiración, llegar caminando un día hasta el recodo del pasillo y al día siguiente hasta el final de ese mismo pasillo. Y, todos los días, una charla con el cardiólogo. Me escuchaba, me miraba, interpretaba mis gestos, lo que decía y lo que no decía. Me informaba y, a veces, me aconsejaba. Al fin y antes de lo esperado, llegó el momento de volver a casa y vi el libro junto al ordenador en la misma postura en que lo había dejado unas semanas atrás.
El libro de Ósipov aguardaba tranquilo, sin expectación, mi regreso. Con la parsimonia del cardiópata, me lo llevé al salón. Al comenzar el primer cuento (“Moscú-Petrozavodsk”) estaba la sorpresa. El protagonista era un médico. En el segundo cuento (“La gitana”) ocurría lo mismo. En el tercero (“Piezas sobre un plano”), el protagonista no sólo era médico, era cardiólogo. El cuarto (el que da título al libro) transcurre en un hospital. Tan sólo el quinto (“Colonia minera Eternidad”) sucede en un ámbito distinto, aunque el autor utiliza la técnica del manuscrito encontrado, manuscrito que es el texto que un paciente deja ¡a su médico!
Con un lenguaje tan descoyuntado como la vida cotidiana rusa post-soviética, entré en los hospitales, entendí cómo algunos suplen la falta de medios y otros se corrompen dentro de esa misma escasez. Y con el cardiólogo de “Piezas sobre un plano”, viajé de avión en avión para complementar ingresos. No voy a decir que lo leí de un tirón. Mi cuerpo se cansaba. Pero sí que podía pensar cuando no estaba leyendo. Rumiar lo leído. Esperar el momento futuro en que iba a retomar la lectura.
Al terminar, me di cuenta de cómo un médico puede ser un literato afilado y duro, con una luminosidad tan fuerte que a veces hay que apartar los ojos.
¿Qué hace que un médico pueda ser un buen escritor? Lo fácil sería decir que es su cercanía a la muerte. Eso, en el mundo de hoy, es raro; a pesar de la violencia que a veces nos llega a raudales a través de imágenes, pocos ven morir directamente a más de un par de personas en toda su vida y todas ellas suelen ser familiares directos. El padre, la madre, un hermano, un amigo. En casos más terribles, un hijo. Pero no es eso. Tampoco es que pueden ver el miedo a la muerte en los ojos de los vivos, de algunos sus pacientes.
No es la muerte, sino las confesiones de sus pacientes. En la consulta de los médicos nos desnudamos y no sólo físicamente. Nos palpan y miran nuestra piel como un explorador estudia los mapas. Para darle información a los médicos y que nos puedan curar, hay que contarles lo que hemos hecho y dejado de hacer. Mucho de lo que se les cuenta es mentira o, al menos, una simulación. Ellos lo saben, claro, pero la verdad acaba saliendo a la luz por una pregunta certera cuya respuesta el paciente desconoce, pero que el médico adivina por anticipado. Cuando un médico también es escritor, es una bendición para los lectores.

Unos cuantos relatos y crónicas, algo más largos:

Una historia de gigantes, como ejemplo de los efectos de un exceso de hormonas aquí
Y por último un par de enlaces con textos muy interesantes, por si alguien ha llegado hasta aquí: 

En este un padre cuenta su reacción cuando recibe la noticia de que su hijo recién nacido tiene síndrome de Down y necesita una operación de corazón urgentemente A corazón abierto , de Francisco Rodríguez Criado, fragmento de su libro El diario Down 

Y  un relato corto de Horacio Quiroga El almohadón de plumas, con un toque de terror fantástico.  

PD: recordad, si alguien se anima a escribir algo sobre biotecnología ( da para mucho imaginar clones y otras manipulaciones del ADN)  que antes de los temas de microbiología en este blog os puse dos entradas con las principales técnicas de biotecnología. 

46 comentarios:

  1. Todos estábamos tranquilos, sin saber lo que estaba aún por llegar, a pesar de que encima nuestro se encontrara una gran nube cargada con infortunios y desgracias, todos nosotros seguíamos como si nada, no pienso culparnos de ser así, pues no nos imaginábamos lo que estaba a punto de suceder, tan solo me gustaría poder avisar a mi yo del pasado de lo que sucedería.

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    1. ¡Un microrrelato para inaugurar la sección! ¡Bravo! Gracias, Bernat! Qué título le pondrías?

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  2. Albinismo espontaneó 13 3

    Anteayer estuve caminando con mi amigo Jorge por la plaza central de mi pueblo sobre las 13 horas, todo iba bien hasta que, !todo el mundo se me quedo mirando atónito! Yo no sabia que estaba pasando fueron unos segundos donde pasé mucha vergüenza, pero lo deje pasar...
    Ya cuando me puse más nervioso fue ayer, cuando estaba en el recreo de mi colegio haciendo la clase de deporte, hasta que... Volvieron a ser las 13 horas, y justamente me tocaba hacer un spring con mi compañero Alberto, justo tuve la suerte o la desgracia de que en medio del spring y tocaron las 13 horas, pasó lo mismo que anteayer, todo el mundo se me quedo mirando atónito unos segundos, hasta Alberto que estaba en el spring conmigo, entonces me pregunté, ¿qué me pasaba a las 13 horas? Y lo he comprobado hoy.
    Cuando iban a ser las 13 horas, mentí a mi profesora que me estaba meando mucho, lo que quería era ir al baño para ponerme delante del espejo y ver que me pasaba, y la profesora se tragó mi mentira. Entonces me puse delante del espejo principal del baño, sonaron las 13 horas, y me quede atónito... Durante unos treinta segundos la piel y mi cuerpo se me transforman como una persona albina... lo que me pasó después no se puede contar...

    Fin,

    Pol Padilla, 1rA

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    1. Jajaja, es como una pesadilla, ¿no? Una imagen muy potente y muy inquietante, Pol.

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  3. Yo vivía en Asia en los inicios del siglo XIV. Cada día, observaba a los comerciantes desembarcar en estas tierras y no podía evitar curiosear sobre sus lugares de procedencia. Un día, decidí subirme sin ser visto en uno de aquellos gigantescos barcos. Por su grandeza, decidí invitar a otros amigos curiosos que querían explorar lo que se emanaba en esas tierras desconocidas y poder observar el desarrollo de una cultura diferente a la que veía normalmente. Afortunadamente, el viaje fue exitoso y los tripulantes no se percataron de mi existencia. Pudimos comer parte del alimento que transportaban así que no me faltó nada.
    Así pues, llegamos y escuché que nuestro destino se denominaba Europa. Ahora había conocido a dos continentes, Europa y Asia, y juntos formaban la palabra Eurasia. Pude observar a aquellos seres humanos, trabajaban mucho pero no tenían higiene. Cuando me di cuenta de que mis amigos querían salir del pelaje de un simple roedor como yo e intentar ir a por esos seres altos y grandes, fue demasiado tarde. La epidemia empezaba a arrasar.

    Amira Bennacef-1rA

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    1. ¡Muy bueno, el doble giro final, Amira! ¡Bravo! Veo que sirvieron de algo los artículos sobre la peste.

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  4. Era por allá el 2020, le empecé explicando a mi hijo, cuando de repente, en Wuhan empezó lo que mas tarde se categoría como pandemia. Nosotros, Europa, nos lo tomábamos a coña y hacíamos bromas sobre esto. Lo que no sabíamos en ese momento era que 2 meses mas tarde ese virus aterrizaría en nuestro continente. Seguí explicando lo que yo viví ese año, le dije las centenares, miles de personas que nos dejaron no solo en España, sino en todo el planeta. Pol, cada vez se mostraba mas interesado en el tema, le seguí explicando como nos sentimos en esos meses y a continuación le explique la tremenda crisis económica que no solo vivió España, sino Europa i América por supuesto.
    Pol aunque estaba fascinado con lo que le explicaba, no daba crédito, no podía creerse, como lo que hoy en día tiene cura y no nos preocupa , ese año nos puso a todos en alerta máxima. Pol me hizo algunas preguntas las cuáles le respondí con la máxima claridad que recordaba, y entre pregunta y pregunta, iba recordando como viví esa época.

    Si no me hizo 15 preguntas en 2 minutos , no me hizo ninguna, y cuando iba a plantearme su dieciseisava pregunta, cayó redondo en la cama. Lo acurruqué, le di un beso de buenas noches y a continuación salí sin hacer ni una pizca de ruido de su habitación.
    La verdad es que hacia tiempo que no recordaba lo que ese año viví...

    Oriol Camps

    1r A

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    1. Pues sí, es algo que podréis contar a vuestros hijos y a vuestros nietos... si ya hemos conseguido la vacuna, y sobre todo si hemos aprendido algo de todo esto.

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  5. Nos situamos en el año 2040. Mi hijos, Mateo y Aroa, estaban viendo la televisión y de repente sale una noticia. Justo ese día, el día 14 de marzo del 2040, se cumplían 20 años del inicio del Estado de Alarma. La notícia decía así:

    "El 14 de marzo del año 2020 , cuando por un virus llamado COVID-19,fue implantada una medida restrictiva de parte del gobierno. El estado de Alarma. Nunca podríamos haber imagiando que un virus desde una ciudad de China llegara a todas partes del mundo ¿verdad Matías?". Esto lo decía la periodista Monica Carrillo, que daba las noticias en Antena 3. A lo que Matías respondió: "Era impensable que esto llegar a suceder." En modo de recordatorio, hizo alusión al descrubrimiento que hizó un cientifico. Él dió a conocer la importancia de lavarse las manos de lavarse las manos después de tocar, en ese caso, cadaveres muertos, de mujeres o de niños. Recordó la importancia de lavarse las manos, lo que parecía ser para muchos una leyenda urbana, acabó siendo un hecho que ayudó a salvar la vida de muchas personas alrededor del mundo.

    El darse a conocer dicho metodo de prevención ha salvado a millones de vidas.

    RICARDO OCHOA, 1 BATX. A

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    1. El tema da para mucho, incluso para viajes en el tiempo de ida y vuelta.

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  6. Multiplicados, el poder de la mente

    Estábamos en agosto y como todos los años me iba a ir de vacaciones a la casa de mis tíos. Vivían muy lejos así que solo nos veíamos en verano y navidades, es por eso que siempre tratábamos de aprovechar el tiempo que pasábamos todos juntos, pero lo que no sabía era que este verano nada iba a ser igual.

    Estábamos llegando a la casa cuando de repente vimos como un coche se salía de la carretera y colisionó contra el muro de una casa. Rápidamente bajamos del coche, llamamos a emergencias y fuimos a socorrer al conductor y a su acompañante. Yo fui la primera en llegar, y me asusté, porque lo primero que vi fue a mi primo, pero luego miré hacia el lado del copiloto y no entendía nada, ambos eran iguales, todo me parecía irreal, pero conforme pasaba el tiempo todo se volvía más extraño, todas las personas eran iguales, todos se parecían a mi primo, pero que había pasado, ¿donde estaban el resto de personas? La situación se volvió tan extraña que yo solo deseaba irme, pero era la única, mi familia actuaba con normalidad, en ese momento tomé mi decisión, debía irme y no volver jamás.

    Laura Caballero Olmedo, 1Batx A

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  7. Nos encontrábamos en una tarde de domingo de invierno con la familia. Era uno de esos días que apetece tumbarse en el sofá y ver una película con la chimenea encendida para no pasar frió. Justo ese en ese día, concretamente el 14 de marzo del 2030, se cumplían diez años de la máxima tragedia vivida por mi parte. Quién nos iba a decir que en 2020 nos encontraríamos ante una situación excepcional de gran alerta. No me podía creer lo rápido que pasó el tiempo...

    Mis hijos me veían deprimido, o tal vez pensativo. Me preguntaron el motivo de mi seriedad y ahí fue cuando empecé a contarles una de las peores experiencias de mi vida. Les propuse que se imaginaran una vida sin poder ver a sus amigos, familiares o conocidos, que no pudieran pisar el suelo de la calle y que esta situación que creó tanto estrés, durara tres meses largos. Su respuesta fue un "no". Se quedaron parados por unos segundos y, de repente, me preguntaron: qué fue lo que provocó esta situación de alarma? Entre una sonrisa irónica que se me dibujó en la cara, les expliqué lo ocurrido. Una pandemia llamada Coronavirus arrasó por todo el mundo dejando miles y miles de fallecidos. Al principio la gente hacia bromas y memes con lo que, finalmente, acabó con la vida de muchas personas. Mis hijos, todavía sin percatarse del todo del problema real de la situación, dijeron: si lo que se tenia que hacer era quedarse en casa para evitar contagios, como es que este mediodía han dicho por las noticias que el numero de infectados superó al de las víctimas? La respuesta era bien sencilla, a mi parecer. La gente no respetó las normas de seguridad y hicieron lo que no se tenia que hacer, ya que, estoy seguro, que si lo hubiéramos hecho bien desde un principio, no hubiésemos llegado al extremo de sufrir una crisis económica de tan gran calibre.

    Estuvimos un par de horas hablando del tema, hasta que llegó la hora de cenar y aclaramos que seguiría explicando esta cruel historia otro día, para poder abrir los ojos a mis hijos de lo que la gente era capaz de hacer, pese a las restricciones establecidas por el Gobierno, y hacer que se den cuenta del gran trabajo llevado a cabo por médicos y sanitarios, que no fue efectiva al 100% por culpa de aquellos que no respetaban las pautas de seguridad y de aquella gente hipócrita que, hasta que el problema no les tocaba de cerca, no valoraban lo que realmente tenían delante de sus ojos...

    Pol Solsona, 1r BATX A

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    1. Vosotros seréis la generación que vivió el coronavirus...y la generación que decidiréis si las cosas se van a seguir haciendo bien o mal.

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  8. Estamos de vuelta


    Hoy es 23 de Abril de 2120, hace aproximadamente 20 días que estamos en cuarentena, el coronavirus está de vuelta. Nuestros antepasados dijieron que esto se volvería a repetir, y así ha sucedido. Mientras la cuarentena en 2020 fue pacífica, aquí todo el mundo se está descontrolado, ha habido saqueos en la ciudad, robos en los laboratorios,etc. Los robos en los laboratorios se especulan que se hacen para que nunca se encuentre la cura y la gente muera y la economía del país cada vez sea peor y hayan más pobres. Mucha gente se está alistando en tropas para que estos robos paren ya. Yo voy de camino a mi primer día en la tropa, mentiría si dijiera que no tengo miedo de contagiarme.

    Meritxell Cabetas, 1r BATX A

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    1. Veo que es el tema estrella. Cuanta literatura va a salir de esta situación!

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  9. Entre los escombros de la ciudad, la qual lleva 24 años en cuarentena, Channel, mi perro, me guiaba arrastrándome con su cadena, desde la cual yo sostenía. Mis costillas me dolían pero tenía que llegar, llegar antes de que fuera demasiado tarde. El humo tóxico me hacia lagrimar, era una de las muchas cosas que habían cambiado cuando Vox comenzó a gobernar España,poner gas toxico en las calles para que nadie saliera de su casa.

    Cruzamos ambos corriendo, escombros y escombros, en medio de las casas y ya podia comenzar a escuchar como venían a por mí.

    Detrás venían. Venían cada vez más cerca más y más... Tenía miedo.

    Channel ladraba más, me arrastraba. Yo no quería mirar pero los escuchaba. Escuchaba sus pisadas, entre las casas abandonadas... Allí venían. Tenía que escapar, tenía que hacerlo.

    Corrí y corrí pero Channel escapó de mis manos. Me había quedado sola y rodeada. Vi que aquellos venían, venían, venían... me tenían atrapada. Vi como la guardia civil me rodeaba. Sus mascarillas. Me tenían. Y Channel estaba a salvo. Pero yo no.

    Me obligaron a ponerme la mascarilla, pero no les quise hacer caso, pero gritó más fuerte. Me dijo que me pusiera la mascarilla, que me llevarían con los médicos, que los malos como yo teníamos que estar encerrados para siempre.

    Me llevaron otra vez al hospital, si tienes coronavirus en 2044 eres tratado como un zombi, como un monstruo sin cura.

    Ariadna Cabetas 1r BATX A



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    1. Me gusta el contrapunto del perro. Un relato de terror post apocalíptico de lo más verosimil y en contexto. Ayyy

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  10. Pili i Mili eran dos gemelas que vivían en una aldea de las américas. Un día fueron a buscar agua al río. Mili era la hermana responsable de las dos, así que dijo “vamos a darnos prisa para llegar al río que en unas pocas horas el sol dará mucho calor”, a lo que Pili le respondió “eres una sosa y una aburrida, yo me quedo aquí recogiendo flores para adornar mi vestido”.
    Mili siguió hacia el río y para la hora prevista ya estaba en casa, mientras que en ese momento Pili acababa de llegar al río. Estaba cansada de estar recogiendo flores y además estaba acalorada y sedienta, por lo que decidió beber un poco de agua de la que había recogido en el río, pese a todas las veces que Mili le dijo que no lo hiciera, que primero se tenía que hervir el agua.
    Mili estaba preocupada porqué Pili llevaba muchas horas fuera y no era normal que tardara tanto, así que salió a buscarla. A medio camino entre el río y su casa se encontró a su hermana tirada en el suelo desfallecida y con mucha fiebre. Esta le preguntó que qué había pasado y Pili le dijo la verdad a lo que su hermana le contestó –te acabas de envenenar tu sola bebiendo esa agua contaminada.

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    1. Es como la fábula de la cigarra y la hormiga pero con matices ecológicos. Para mi que podrías haber rematado el final de otra forma, queda como cortado.

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  11. Un día como cualquiera estaba yo, Malda, pasaeando por la calle para ir a comprar.Hacia los alrededores del meracado, donde me situaba podia encontrar las mejores tiendas y puestos jamás conocidos, con todo tipo de materiales. Me dirigí a una tienda deambualnte a comprar un nuevo artilugio que fue ceado recientemente:un jabon. Nunca habia oido de tal invento, por lo tanto todo el mundo teniamos mucha curiosidad, pero se decia que cambiaba la vida de muchas personas, hasta el punto de evitar la muerte, asi que queriamos probarlo para ver sus efectos.
    Hace poco, nuestras tierras sufrieron una especie de brote, no uno cualquiera sinó uno que acabó con la mitad de la población, fue muy duro para todos y no pudimos hacer nada, desconfiabamos de toda persona para no infectarnos y todo estaba sellado, pero con este nuevo invento parece haber surgido nuevos resultados, decian que servia para limpiarse, una palabra un tanto rara, cosa que la gente intentaba evitar y tampoco se lo podian permitir porque era algo muy caro, además, según nuestra religión, se hablaba mal de la limpieza, pero no teniamos más elecion que intentarlo, debiamos salvar a nuestro queridos de una muerte, solo espero que funcione...

    Iris Rodríguez, 1A BTX

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  12. *Conversación en un zoológico entre dos simios.*
    -Dicen que hay un virus que ataca a los humanos, les produce pánico y aislamiento.
    -¿Anda y eso?
    -Para no contagiarse permanecen en sus casas encerrados.
    - Anda como nosotros
    -Bueno parecido. Sus jaulas no tienen barrotes como las nuestras, no les explotan para ganar dinero, ni les obligan a reproducirse.
    -¿Son libres entonces?
    - Eso es lo que ellos creen. Algunos abusan de su poder, les mienten prometiendo cosas que nunca podrán cumplir, el resto les cree y siguen siendo presos en su ignorancia.
    -Vaya...¡que ilusos!
    -¿Vas a comerte el plátano?
    -No
    -Pues me lo como yo

    Sara Kortas, 1ABAtx

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  13. La ignorancia y el egoismo del ser humano.

    Jueves 12 de abril de 2020, dos de la tarde, veo a todo el mundo salir a por sus libros que estaban guardados en las taquillas situadas al final del pasillo. Niños corriendo y felices porque habían dicho en las noticias que al día siguiente ya no podíamos volver al insituto, incluso yo escribí por el grupo de la familia "¡Mañana ya no hay clase, podré dormir hasta la hora que quiera!". No sabíamos lo que venía, algo inquientante, datos que llegaban un poco inestables y sin creencia de que fueran ciertos.
    Que ignorantes y egoistas somos.

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  14. Un día hace años iba siempre a comprar con mi tía e iba entrando a las perfumerías ya que adoraba los jabones de todo tipo, colonias, pero sobretodo jabones ya que me encantaba tener las manos frescas y que oliesen bien. Nunca pude llegar a pensar, que este, el jabón, pudiera ser un factor tan importante en la vida de personas de otras épocas ya que podía salvar vidas con tal de tener buena higiene. Hoy en día, desgraciadamente debido al coronavirus estamos pasando una situación un tanto extraña que nos está afectando a todos de varias maneras. Gracias a objetos como el jabón o desinfectante, podemos decir que evita que ese virus sea contagiado de forma leve. Nunca he podido llegar a imaginar lo importante que es la higiene.

    Natàlia Bofill, 1r A BATX.

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    1. Una de las pocas empresas que han tenido un auge en estos tiempos!

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  15. Desde que el médico pronunció su nombre, desde que llegó a tu vida, a nuestras vidas, fue llenándonos poco a poco de tristeza. La tristeza de que no recordaras. Te miro y viajo a aquel tiempo de infancia, de juegos, de ir al parque, de veranos en la playa, de cariño, de comidas familiares con los macarrones del abuelo Pau… Aunque ahora hayas olvidado, incluso, cómo respirar.

    Cierro los ojos e imagino que me envuelves con tu cara surcada por los años, tu dulce voz y tus brazos cálidos, esos que hacían que desapareciera cualquier pena o preocupación en cuestión de segundos, me hace sentir a salvo. Duele ver como esa vitalidad cada dia más se apaga. Aprieto mis manos en las tuyas, con la esperanza de infundirte fuerzas, aunque sé que el fin está cerca y ya no hay nada que hacer. Es tu hora de dormir, de descansar eternamente. Te puedo asegurar que pase lo que pase, yo jamás te podré olvidar. Pip, pip, pip. Te querré siempre.

    Sandra Martínez, 1r BATX A

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  16. Me desperté, conseguí abrir los ojos, pero estaba muy cansada. Los brazos me pesaban, las piernas también, no me sentía yo. Cuando por fin conseguí levantarme de la camilla y me mirarme al espejo no podría creer lo que estaba viendo. No era yo, era un cuerpo de otra joven, rubia, con la piel muy blanca y los ojos azules cristalinos. Me habían metido dentro de otra persona. Lo último que recuerdo era el cuchillo clavándose en mi abdomen y desplomarme suavemente al suelo. ¿Cómo podía seguir viva? O mejor dicho; ¿Cómo podía seguir viva en un cuerpo ajeno?

    Tània Morales
    1 bach A

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  18. Esa misma mañana me desperté con el ruido de las campanas de mi pueblo, como cada día. Cada tarde me reunía con mi amiga en la esquina de mi calle. Hacía mucho calor y como de costumbre, el ambiente era caldeado y las calles llenas de hambrunas y suciedad. En el puerto, llegaban grandes barcos de comercio internacional, por el que entraba el oro y la plata procedentes del Nuevo Mundo, yo siempre iba al puerto a recibir los barcos, ya que me encantaba verlos zarpar.

    Ese mismo día, esperé en la esquina de mi calle a mi amiga toda la tarde, pero no apareció. Mi hermana me dijo que tal vez se había olvidado. Al día siguiente volví a esperarla y tampoco apareció. El ambiente era cada vez más extraordinario, la gente estaba desesperada y desorientada, pero yo nunca entendí el porqué. La gente hablaba sobre lo que estábamos viviendo, y de cómo morían los vecinos. Cada vez que salía a la calle, faltaba un amigo, conocido o familiar del pueblo. Veía a mucha gente en el suelo, con manchas negras en la piel y muy mala cara. Debido a la situación y el pánico decidí permanecer en mi casa durante unos días, pero desgraciadamente esos días…. nunca acabaron.

    Helena Clua 1rBatx.A

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  19. Ahir estava tranquilament al sofa estirat, veient un video del youtuber 'Peke003', quan vaig decidir obrir el mòbil per mirar l'Insta, al obrir la app tot eren fotos d'enyorança i amb missatges tristos, vaig entrar a Internet per veure que estava succeint. No m'ho podia creure, demà a les 3:33 la terra s'aturaria i tots moririem per la força centrifuga de la terra. Els científics enunciaven que era impossible sobreviure, la força arrancaria edificis, crearia nous oceans i trencaria sense problemes qualsevol objecte per dur que fos. Era el final de la vida animal al planeta?
    Ara son les 2 de la matinada, falta poc més d'una hora per la frenada mortal, als carrers la gent fa el que vol, l'estat no ha declarat impunitat legal, però la gent pensa que pot fer el que vol, total no hi hauria judicis... Probablement han sigut les hores amb més assassinats, relacions sexuals i delictes de la història, tothom volia fer el que no havia fet durant la seva vida. Son les 3:00 queda poc per la mort, jo estic en un cinema passant'm-ho bé, amb familiars, amics i persones desconegudes rient i intentant olvidar que son els nostres últims minuts de vida. 3:15 Una veu celestial ens ha envait el cap a tots els humans, ens ha dit: "soc el vostre creador, lamento haver d'acabar amb la vostra vida, però ja us he donat masses oportunitats, he vist com us extermineu entre vosaltres per la religió, color de pell, pensaments,... he vist massacres, guerres mundials, codicia, egoisme i odi. Us vaig crear per tal de que siguessiu un animal més, però us considereu un animal superior, amb la potestat de detruir els habitats dels altres animals per pura codicia i això no és correcte, un humà val igual que un altre humà sí, però també val igual que un lloro, mosca, formiga o granota. Obviament no tot és dolent, us he vist riure junts, ajudar-vos, crear obres quasi sobrehumanes, però tot això no compensa tot lo dolent que heu fet, en una balança el que heu fet amb bona intenció pesaria 1 kilo i el que heu fet amb mala intenció pesaria més de 100 tones. Jo valoro la vostra bona intenció, no el resultat final, però és que el 90% dels cops la intenció no és gens bona, tot el contrari. Soc el vostre creador, i perdre-us em fa molt de mal, però he de protegir la meva estimada terra de les persones que la estan destruint. Us trobaré a faltar." Son les 3:30 ha acabat el discurs d'aquella extranya veu. Queden segons, miro als meus amics, familiars i penso: com m'agradaria poder veure a fkdjsbxausknwkevlbvndflknlvmk

    Marc Medina i Bota
    1r Batx. A

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  20. Nadie imaginaba lo que estaba por venir. Teníamos esperanzas en que tras la pandemia de 2020, cuando esto volviese a ocurrir, estaríamos preparados. Ya en 2034, aún no se ha encontrado ningún medicamento que sea efectivo contra el coronavirus que no produzca efectos peores y más nocivos que la propia enfermedad. Hemos vuelto a encerrarnos en casa, no sabemos por cuanto tiempo y esta vez nadie tenía ni una mínima sospecha. Este confinamiento está siendo peor a nivel psicológico ya que llevamos cuatro meses encerrados sin poder salir ha hacer una vida mínimamente normal. Nadie entiende cómo a pesar de los avances que se hicieron en 2020 esta vez nos ha tocado vivir la situación de una manera mucho más dura. Es desesperante.
    Carla Chaparro 1A BATX

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  21. Un día cualquiera hace doce años, me levanté de la cama y vi que una nueva enfermedad, llamada coronavirus, había llegado a la ciudad de Wuhan.
    Todo el mundo hablaba, sin saber lo que iba a pasar meses después, cómo si el virus estuviera muy lejos de nuestro país. En realidad vimos que no. El 12 de marzo de 2020 fue la última vez que vimos a nuestros compañeros de clase, a nuestros profesores...y nadie lo sabía. Todas y todos, ilusionados porque no iríamos a clase hasta 14 días después, pudimos ver en casa de qué manera transcurrían los días, cada vez más lentamente. Nos hacíamos a la idea de que estaríamos mucho tiempo encerrados en casa y nos dimos cuenta de que esa 'ilusión' por no ir a clase, se puso en contra nuestra. Nos tocó vivirlo, por suerte, en una época llena de tecnologías, que pudieron ayudar a frenar la pandemia con sus diferentes funciones. Aprendimos muchísimo estando en casa.

    Laia Domínguez 1A batx

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  22. Me encontraba caminando por las calles solitarias de la gran ciudad. Aunque normalmente el aire en estas ciudades está contaminado, me dio la sensación de que nunca había respirado un aire tan puro, pues llevábamos encerrados en nuestras casas por más de tres largos meses.
    Había escuchado muchas historias sobre el famoso año 2020 y la gran pandemia que vivieron tantas personas. Y sinceramente, es que por mucho que supiera que había ocurrido de verdad, simplemente el hecho de ser cosa del pasado y no haberlo vivido yo misma, me hacía pensar muchas veces que nada de eso había sido real. No hasta este mismo año. Quince años después, y volvemos a estar en una situación parecida, aunque muchísimo peor.
    Esta vez las órdenes por parte del Estado han sido extremadamente estrictas, pues mucha gente a mi alrededor tiene experiencia gracias a la terrible situación del 2020.
    Pero el problema ha sido que aun así, la gente ha sido desobediente, y ya no hay nada que hacer. He salido a la calle para despedirme de todo. Ya no hay solución. Y aunque me entristece, nosotros hemos sido la mayor causa de nuestra destrucción.

    Carla Martín, 1r A Batx.

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  23. Nunca nos imaginamos que pudiéramos llegar a ese punto, nos enteramos en diciembre del 2019 de lo que estaba ocurriendo en China y lo único que hacíamos era bromear sobre el tema, no éramos conscientes de que era un virus muy complicado y no nos imaginábamos que iba a llegar a nuestras calles, teniendo en cuenta lo lejos que esta China. Tres meses después llegó el primer caso pero nosotros seguíamos bromeando y dos semanas después llegó a nuestras calles. Tuvimos que estar casi dos meses encerrados en casa, sufriendo y sin ver a nuestros seres más queridos como nuestros abuelos, tíos, amigos... fueron unos momentos muy difíciles, en mi mente yo pensaba que estábamos viviendo una película de ciencia ficción. Con mucha paciencia y dedicación, los equipos sanitarios pudieron curar a gran parte de la población pero mucha gente murió por culpa de este virus. Quince años después te lo estoy contando a ti, hija mía, espero que nunca tengas que vivir esa situación.

    Aina San Miguel
    1 BATX A

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  24. Me desperté y ví en las noticias el numero de gente que habia muerto. En ese preciso instante empecé a contemplar la suerte de estar bien, de poder respirar, lo echaba de menos todo, ver a mis amigos, hacer deporte... Una vez salí, empezé a hacer todo aquello que echaba de menos, y lo disfruté como nunca. La pandemia fue un antes y un después en mi vida, triste por perder a conocidos, pero a la vez me dió un chute de realidad, una verdadera medicina. Quisiera acabar este minirelato con una frase que ni soy el primero en decirla ni el utimo, "Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde"
    Oriol Amatller 1rA BATX

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  25. Cada mañana me despertaba a las 8:00 y me tomaba un café mientras escuchaba la radio. Pero esa mañana el despertador sonó media hora tarde. Me vestí rápido y sin darme ni tiempo a desayunar ni escuchar fui a trabajar. Las calles estaban vacías, no había nadie. Entré al laboratorio donde trabajaba y tampoco había gente. Esto no parecía real. Mire el día en el móvil, era martes, ¿por qué no había nadie? Decidí irme a casa, pero antes quería ver cómo iba la investigación. Hacía varios días que investigábamos un virus, pero aún no sabíamos mucho de él. Entre en la sala donde estudiábamos a este virus y me sorprendí mucho al ver ese desastre, estaba todo puesto patas arriba. Los instrumentos de investigación estaban todos rotos, pero lo peor de todo fue ver todos los envases, donde teníamos el virus, en el suelo y todos rotos. Lo poco que sabíamos de este virus era que se contagiaba muy fácilmente y que podía llegar a matar.

    Sara Naranjo
    1r BATX A

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  26. Veo que los últimos relatos son todos sobre el coronavirus y bastante del mismo estilo. No era obligatorio hacerlo sobre este tema, pero ha sido el elegido mayoritariamente, es comprensible.

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